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miércoles, 4 de noviembre de 2009

The Mask of Sanity


Tu máscara de cordura


Sé que eres incapaz de arrepentirte.

Aprende del cañón de mi pistola,

tantas noches
insomne
entre tus cejas.

(Inés Toledo)

martes, 30 de junio de 2009

Hambrientas de perfección... ¿Aún?


Cómo pasa el tiempo... Hace ya 17 años de este artículo.

Hoy se me ha venido a la cabeza, tal vez tras ver un par de vídeos, uno sobre el libro de Naomi Klein, "The shock doctrine"



Y otro sobre el documental de Michael Moore, "Sicko"



En ambos se trata el tema de cómo una oligarquía mantiene sometidos a grupos de población, de modo que resulten manejables.

Y me pregunto si lo que cuenta Rojas Marcos aún tiene vigencia.
Fuga masiva de cerebros... ¿las adolescentes de hoy siguen tan alienadas?

Publicado en el diario El País (21/01/1992)

Hambrientas de perfección

LUIS ROJAS MARCOS
Psiquiatra, dirige el Sistema Hospitalario Municipal de Salud Mental de Nueva York.

En los países de Occidente, la gran mayoría de las mujeres están hoy obsesionadas con su peso. El afán de adelgazar en busca de la figura perfecta se ha convertido en una compulsión tan fuerte como una convicción religiosa. En nuestro tiempo, la gordura femenina se considera antiestética, mientras que el triunfo de la voluntad sobre impulsos naturales como el hambre representa una virtud. Por tanto, la delgadez ofrece a las mujeres una posibilidad única para exhibir públicamente que han logrado las dos metas, tanto la belleza como el autocontrol.Nunca se ha registrado un índice tan alto de mujeres que se sienten desgraciadas a causa de su físico, y en especial de su exceso de peso, sea real o imaginarlo. Según encuestas recientes, hasta un 75% de las jóvenes norteamericanas se ha sometido a dietas para adelgazar, a pesar de que sólo el 12% tiene un peso superior a la norma médica. Para muchas de estas jóvenes, perder peso es más importante que los estudios, que los triunfos en la profesión, e incluso que los éxitos amorosos. En muchos casos, el terror a la obesidad supera al miedo a la muerte.

Frente al esfuerzo infatigable de tantas mujeres por alcanzar la perfección corporal, la silueta juvenil, delgada y erótica, que celebra y glorifica la ecología urbana a través de los medios de comunicación de masas, la trágica y desalentadora realidad es que ese mítico ideal se encuentra fuera de los límites biológicos de la mayoría. En Estados Unidos, por ejemplo, apenas un 4% de las féminas tiene la posibilidad de aproximarse al físico idealizado por la cultura de Hollywood y de la avenida de Madison. A pesar de esta realidad, millones de mujeres se sienten fracasadas y hasta culpables por no satisfacer las expectativas del mundo que les rodea, como si reconocieran implícitamente que su cuerpo no les pertenece, que forma parte del dominio de la sociedad.
En los últimos años, gracias a los movimientos feministas, la mujer ha logrado penetrar en el reino exclusivo de los negocios, de las profesiones y del poder político, controlado tradicionalmente por el hombre. Paradójicamente, a medida que la población femenina se libera y va superando los obstáculos que la cultura ha interpuesto históricamente en su camino hacia la realización, los criterios sociales de belleza y perfección externa se hacen más exigentes e inalcanzables. Al mismo tiempo, las conductas compulsivas de las féminas, orientadas a lograr estos imperativos estéticos, son consideradas cada vez más narcisistas y patológicas.

En la última década se ha observado un aumento espectacular del índice de perturbaciones psicológicas de la alimentación y, de la imagen corporal, como la anorexia y la bulimia. La prevalencia de estas dolencias alcanza ya el 20% de la. población femenina entre los 18 y 45 años de edad. El creciente interés entre los profesionales de la psiquiatría por estas anomalías típicas de nuestra época es claro en Norteamérica desde 1987, cuando la obsesión patológica con la fealdad y especialmente con la obesidad imaginaria fueron incluidas por vez primera en la clasificación oficial de enfermedades mentales.

La fobia a la gordura, o, mejor dicho, a la representación mental de la gordura, produce estados profundos de ansiedad y de depresión, aísla socialmente a la mujer, la incapacita, la hace inefectiva y la impulsa a sumergirse en conductas autodestructivas como dietas rigurosas, ejercicios exhaustivos, vómitos autoprovocados o el abuso de píldoras para adelgazar, de laxantes o de diuréticos. En su intento desesperado por dominar la naturaleza y encontrar la armonía vital, estas dolientes se vuelven esclavas del espejo y de la báscula, y clientas asiduas de especialistas de la nutrición, cirujanos plásticos o psicólogos conductistas. Estos son esfuerzos vanos, ya que la búsqueda de metas inaccesibles crea en definitiva ilusiones malignas que destruyen cualquier posibilidad de autoaceptación.

Aunque la causa exacta de estas alteraciones se desconoce, no hay duda de que la ecología urbana de hoy, competitiva y exigente, que alaba la juventud y devalúa la maternidad, configura y acentúa los ideales de perfección que nutren estos trastornos. Además, el valor de la apariencia es mayor en las metrópolis, donde la alta densidad de población facilita los encuentros múltiples, breves e impersonales, que realzan la importancia de las primeras impresiones. Los medios de comunicación, ingrediente vital de la urbe, fustigados por la poderosa industria de la belleza, ejercen una enorme influencia al definir, legitimar y propagar el modelo corporal de belleza, a la vez que perpetúan los estereotipos. Por ejemplo, cada día existe un dicotomía mayor entre la imagen que los medios de comunicación identifican como la figura femenina, representada por el prototipo idealizado de joven delgada, activa e independiente, y la figura de mujer, madura, maternal y físicamente más cercana a la norma de la población general.

El impacto de los medios sobre estos valores sociales se aprecia, por ejemplo, en Rusia, donde al lado de los recientes ideales de libertad, reforma y apertura se ha importado el modelo occidental de belleza femenina, tan opuesto a las matryoshkas -la colección de muñecas redondeadas y materna les que encajan unas dentro de otras-, paradigmáticas del ama de casa del país. Especialmente en las grandes ciudades, sólo las féminas cuyo físico se acerca al ideal occidental acceden con facilidad a los escasos trabajos lucrativos.

No son pocas las feministas que ven en todos estos montajes una conspiración por parte de la sociedad y de las instituciones masculinas. Los hombres _-argumentan-, consciente o inconscientemente, temen la capacidad y la libertad de la mujer y fomentan esta neurosis del culto al cuerpo, con el fin de erosionar el papel de las féminas en el mundo del poder. Como resultado, muchas mujeres pagan con su libertad el mito de la belleza.

En realidad, los hombres frecuentemente aceptan e incluso necesitan la imagen física ideal del sexo femenino al usarla no sólo como criterio para juzgar a las mujeres, sino incluso para realzarse ellos mismos si sus compañeras lucen las deseadas cualidades. En este sentido, la belleza femenina es corno una especie de moneda en la economía de mercado y de consumo.

Evidentemente, para muchas féminas de hoy el atractivo de estar delgada es el único mensaje claro y coherente que reciben de la sociedad y, como consecuencia, el atributo más importante a que aspiran. El enorme desgaste y desperdicio de tanto talento femenino que supone esta cruzada fútil en busca de la perfección del cuerpo es comparable a una fuga masiva de cerebros de consecuencias devastadoras para la sociedad, y en particular para tantas mujeres que luchan por su realización.

Después de todo, como se ha dicho, la dieta es el sedante sociopolítico más poderoso en la historia de la mujer.

martes, 16 de junio de 2009

Feria del Libro, Madrid.




"H: Primeros principios, Clarice. Simplicidad. Lea a Marco Aurelio. De cada cosa pregúntese qué es en sí misma, cuál es su naturaleza. ¿Qué es lo que hace el hombre al que están buscando?

C: Mata a mujeres

H: No. Eso es circunstancial ¿Qué hace primero y principalmente?, ¿Qué necesidades sirve con matar?(...)
Codicia. Esa es su naturaleza. "

Meditaciones

MARCO AURELIO



"Del mismo modo que los médicos siempre tienen a mano los instrumentos de hierro para las curas de urgencia, así también, conserva tú a punto los principios fundamentales para conocer las cosas divinas y las humanas, y así llevarlo a cabo todo, incluso lo más insignificante, recordando la trabazón íntima y mutua de unas cosas con otras."

viernes, 5 de junio de 2009

Cuentos de amigas





"Son pocos los que maduran: ellos, los hombres, suelen quedarse en la infancia, agarrados o no a las faldas de sus mamás, mientras que ellas, las mujeres, qué duda cabe superiores -y la sonrisa triste [de Elisa] adquiere un deje de ironía-, suelen saltar airosas a la adolescencia, y ahí se quedan, formando unos y otras un delicioso mundo plagado de niños caprichosos que compiten en sus pequeñas o grandes, casi siempre sórdidas, batallas, y de mujeres insatisfechas y frustradas, porque la vida, el amor, los hijos, no eran como les habían contado (menos las del tercer mundo, claro, que están demasiado ocupadas en el intento de que alguno de sus hijos sobreviva al hambre, las epidemias y otras calamidades para que les alcance el tiempo para sentirse frustradas, y además sí es la realidad que les ha caído en suerte muy parecida a lo que esperaban resignadas desde que adquirieron uso de razón).

Esther Tusquets, Dos viejas amigas


martes, 26 de mayo de 2009

Hidrofobia


"¡Ah! Eso no lo dude usted, ese deseo puro de la niña es el que todas tenían atragantado... ¡Pero ya lo sé! No se me ocurre pensar que todas las mujeres quieran ser prostitutas. ¡Qué disparate!... Ahora, eso sí, todas, todas sin excepción, quieren ser bonitas y estar solas, puestas en un sitio donde se las vea bien y donde pase todo el mundo a mirarlas. Claro que para atreverse a desearlo hay que tener ocho años. Luego ya, con todo lo que se sabe, entra el miedo, pero el deseo sigue y se convierte en rabia. Todas la miraban como perros rabiosos. Por supuesto, también la miraban con asco, pero como le digo, porque se lo han enseñado; lo del asco es como una segunda parte. Las mujeres, ante una poule de ésas, siempre sienten que están haciendo algo sagrado y les entra una especie de terror y de locura porque se sienten excluidas de ese misterio. ¿Ve usted? Por eso le dije, como perros rabiosos, porque su rabia es, como la hidrofobia, el horror de una cosa que es necesaria a la vida."

ROSA CHACEL
Vi lapidar a una mujer

miércoles, 22 de abril de 2009

Carta



My darling. I'm waiting for you. How long is the day in the dark? Or a week? The fire is gone, and I'm horribly cold. I really should drag myself outside but then there'd be the sun. I'm afraid I waste the light on the paintings, not writing these words. We die. We die rich with lovers and tribes, tastes we have swallowed, bodies we've entered and swum up like rivers. Fears we've hidden in - like this wretched cave. I want all this marked on my body. Where the real countries are. Not boundaries drawn on mapswith the names of powerful men. I know you'll come carry me out to the Palace of Winds. That's what I've wanted: to walk in such a place with you. With friends, on an earth without maps. The lamp has gone out and I'm writing in the darkness.


(Katharine Clifton)


viernes, 20 de marzo de 2009

Cuadernos de la guerra


Llegué a creer que era una cuestión de prejuicios.


No siempre. En un principio achaqué a la mala calidad de los textos el que me aburriera tantísimo leer sobre sexo, leer sobre drogas, leer sobre cuestiones escatológicas, abiertamente morbosas o de obvia brutalidad... creí que había textos cuyos autores sí sabían hablar de esas cuestiones, que podían conmoverme mediante las raras y valiosas palabras que tratan con acierto ese difícil (así se me antojaba) material.


Pero no lograba encontrar a quien me conmoviera hablando con rudeza de lo pornográfico, o de toxicidades marginales, mezcla de drogas, miseria malhablada y nihilismo soez, barato, pueril en lo asqueroso. Ni los colocones beats, ni Céline y sus infectos urinarios, ni Henri Miller y sus putas sifilíticas, ni Bukowsky y sus mantras de coños y agujeros del culo, nada.


Entonces llegué a creer que era una cuestión de prejuicios.


Un día dije: “Pero, ¿a quién le importa cómo mea fulanito, a quién le impresiona o le conmueve cómo jode tal o cual personaje, tanto detalle narrado con lenguaje de adolescente salido y romo? ¿No es toda esta murga algo caduco, ajado, falto ya de cualquier utilidad, sentido y pertinencia... no es algo, pues, mortalmente aburrido?” Y alguien me contestó: “Eso que dices puede aplicarse a cualquier tema sobre el que se escriba”.


Entonces llegué a creer que era una cuestión de prejuicios.


Y llegó ese libro de Marguerite.



Durante tres páginas, Duras describe a un hombre recién llegado de un campo de concentración (“treinta y ocho kilos repartidos en un metro setenta y siete”) Y nos habla del horror de su mierda. Mierda que salía de un cuerpo llegado del infierno nutricio. Del infierno. “Lo sentaban en un bacín en cuyos bordes habían colocado un cojincito para que no se hiriera”. Tres páginas que dejan herido el cuerpo, páginas con palabras de una explicitud que no alcanzo a comunicarte, que ni siquiera me atrevo a sacar de contexto. Porque alteraría todo su poder de conmoción.


Entonces supe que no era una cuestión de prejuicios. Que tres páginas hablando de la mierda me habían dejado temblorosa, emocionada hasta mis atónitos huesos. Me desperté en un nuevo lugar desde el que avisté de un modo diferente el acto que tal vez más ocultamos, en la vida real, a los sentidos de nuestros congéneres.


Termina Duras:


“Quizá fuera el bazo lo que le salía del cuerpo, o el corazón. Pues, en fin, ¿qué era aquello? Quienes pongan mala cara en el momento mismo en que leen esto, a quienes les revuelva el estómago, yo me cago en ellos, les deseo que se encuentren en su camino, un día, un hombre cuyo cuerpo se vacíe así por el ano, y deseo que este hombre sea el que consideran más bello, más amado y más deseable. Su amante. Les deseo un infortunio como ése”.


Entonces supe que hace tiempo tuve razón. Es una cuestión de calidad. Pero no se puede pedir el baile de Duras a tanto mono que pierde el culo por dar saltos.



jueves, 12 de marzo de 2009

mariscadillas...


"Fue un tipo valeroso, que se atrevió a ver si lo que tenía dentro la centolla era comestible. Y lo era."

"Hay una mitología del percebe cuya faceta más sorprendente es inglesa: los ingleses creían, Shakespeare incluido, que de su uña nacía un ganso, el barnacle, cuya carne tenía ciertas virtudes, especialmente en el terreno de lo erótico."

ÁLVARO CUNQUEIRO
Fábulas y leyendas de la mar

domingo, 8 de marzo de 2009

¿Amante o amada?

"El amado podrá ser un traidor, un imbécil o un degenerado; y el amante ve sus defectos como todo el mundo, pero su amor no se altera lo más mínimo por eso. La persona más mediocre puede ser objeto de un amor arrebatado, extravagante y bello como los lirios venenosos de las ciénagas. Un hombre bueno puede despertar una pasión violenta y baja, y en algún corazón puede nacer un cariño tierno y sencillo hacia un loco furioso. Es sólo el amante quien determina la valía y la cualidad de todo amor.

Por esta razón, la mayoría preferimos amar a ser amados. Casi todas las personas quieren ser amantes. Y la verdad es que, en el fondo, el convertirse en amados resulta algo intolerable para muchos. El amado teme y odia al amante, y con razón, pues el amante está siempre queriendo desnudar a su amado, aunque esta experiencia no le cause más que dolor."




La balada del café triste
Carson McCullers